
Un alma libre que viaja en el tren de la demencia, va perdiendo la cordura, va descuidando su entereza. Sudor, sangre y las manos llenas de tierra, se perciben en sus ojos fundidos en tristeza.
Añorando tiempos perdidos, se concentra únicamente en contemplar el paisaje tras la ventana, sucia y empañada. Ya no hay motivación ni sueños, solo una débil aspiración por cambiar su realidad triste y empapelada por banalidades.















































